
Hay momentos que la vida nos pondrá en puntos de inflexión…
Ya sea que estemos ante un cambio que no elegimos, o una realidad que no imaginábamos vivir. Lo cierto es que vienen, para despertar algo en nuestro interior.
Lo que no sabemos, es que muchas veces llega en forma de miedo. Miedo a perder lo que teníamos, miedo a no poder sostener lo que viene, miedo a no saber cómo seguir.
En ese momento descubrimos nuestra vulnerabilidad. Y aunque humanamente lo vivimos como una amenaza… espiritualmente, puede ser una puerta.
Podemos elegir, la forma de mirar lo que sucede. Decidir mirar con más profundidad, no negando la dificultad, pero si aceptándola para trascenderla.
Los puntos de inflexión de la vida, también nos enseñan. Nos recuerdan que no todo depende de nuestra fuerza, que no todo puede ser previsto, y que hay momentos en los que necesitamos sostenernos en algo más grande que nosotros.
Y para lograrlo, basta con que empecemos a notar lo que antes no veíamos. Momentos en los que las cosas se acomodan sin explicación. Ayudas que llegan sin haberlas pedido. Respuestas que aparecen cuando ya no sabíamos qué hacer.
La semilla de la fe, puede germinar con solo reconocer que en medio de lo que no se entiende, hay algo que tiene sentido.
A veces la vida nos deja vivir entre el miedo y la fe al mismo tiempo. Una no elimina a la otra, coexisten como el agua y el aceite, sin mezclarse entre si, pero uniéndose en el todo.
Y es por eso, que aun en el caos, puedes sentir paz de forma inesperada. Puedes respirar con calma, aun cuando las fuerzas te han abandonado y todo parece incierto.
En ese momento, descubres que más allá de lo que sucede, lo mas importante es aquello que te sostiene. Y eso es la fe.
Aun en los momentos más difíciles, no estamos perdiendo el camino… solo estamos en un punto de inflexion, y seguir andando nos permitira ser guiados hacia el Despertar del Ser.

Deja un comentario