Trascender Nuestros Ciclos de Vida: El Verdadero Camino del Crecimiento Personal y Espiritual

Cuando hablamos de crecimiento personal, todos pensamos en ascender, pero pocas veces comprendemos que ese proceso no es más que trascender nuestros propios ciclos de vida.

Todo lo que experimentamos tiene el propósito de dejarnos una lección que nos permita vivir mejor.

Si ya me has leído antes, sabrás que el primer ciclo que sacudió mi ser fue el peso de la monotonía de existir: esa sensación de vacío que envuelve la vida cuando solo sentimos alegría en los momentos buenos, y tristeza en los malos.

La intuición de que debía haber algo más allá me llevó a profundizar en mis creencias, ideas y pensamientos. Así descubrí el valor del autoconocimiento a una edad muy temprana.

Mi siguiente ciclo fue la insatisfacción. Tal vez conocerme tan bien me llevó a un éxito rápido, pero sin propósito. Y sin tener claro ese propósito, decidí cambiar mi camino con el poder de una sola cosa: la toma de decisiones.

Emprender un nuevo camino siempre da miedo, pero cuando se huye de la insatisfacción, actuar, incluso con temor, se vuelve necesario.

Pasó poco tiempo antes de que la vida me abriera un nuevo ciclo de aprendizaje: uno en el que lo más duro era no tener control sobre las circunstancias que me agobiaban.

La impotencia me enseñó cómo se siente la desesperación, hasta que entendí que la verdadera lección era la aceptación.

Cuando aceptamos positivamente las circunstancias que no podemos cambiar, nuestro ser se despierta a la fe: esa certeza de que, aunque nuestro presente parezca oscuro, algo bueno vendrá. Pero si aceptamos desde lo negativo, podemos caer en la resignación, y eso llena la vida de desesperanza y resentimiento.

Que nuestras circunstancias no dependan de nuestras decisiones no limita la acción: simplemente transforma nuestros actos en actos de fe.

Finalmente, llegó la lección más dura: el dolor. En mi caso, fue la muerte de mi madre. Creo que, gracias a todo lo vivido antes, ese momento se convirtió en una revelación de propósito: el anhelo profundo de ayudar a los demás.

Ese propósito evitó que mi dolor se transformara en sufrimiento y me abrió la puerta a un camino de profundo aprendizaje. Mi preparación integral durante estos años me reveló que la gran lección del dolor es el perdón.

En mi caso, no tenía nada que perdonarle a mi madre. Pero el amor al prójimo —que fue lo que realmente descubrí— me mostró que tenía que perdonar y perdonarme por cosas que aún dolían en mi interior.

El camino del dolor es complejo. En todos los ciclos anteriores hubo dolor, sí, pero nunca lo suficientemente fuerte como para revelar una lección tan clara.

Hoy reconozco que si no había visto el dolor en los ciclos anteriores, fue porque tuve una buena vida, y eso lo agradezco. Entiendo que la paz que he conquistado hoy es el resultado de todo lo vivido.

Los ciclos siguen llegando. Hoy, quizás, estoy nuevamente en un ciclo de impotencia, pero lo vivo desde la paz, y eso lo cambia todo. Mi propósito sigue siendo ayudar, por lo que sé que el camino apenas comienza.

El despertar del ser es solo el inicio.



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